Capítulo 1 - Historia social e historia de los conceptos
La investigación de los conceptos y de su historia lingüística forma parte de las condiciones mínimas necesarias para poder comprender la historia del mismo modo que su definición implica las sociedades humanas.
La historia social y la historia conceptual existen como enfoques explícitos desde la Ilustración y su descubrimiento en el mundo histórico: cuando las formaciones sociales se volvieron frágiles y con ello, simultáneamente, la reflexión lingüística se vio sometida a la presión hacia el cambio de una historia que se experimentó y articuló como algo nuevo.
La historia social y la historia conceptual se encuentran en una tensión condicionada por la materia histórica que hace que ambas remitan una a otra sin que esa reciprocidad pueda ser superada en algún momento. Lo que se hace no se plasma en palabras hasta el día siguiente, y lo que se dice se convierte en un hecho en el momento en que se libera de uno.
Es una característica del tiempo histórico la constante reproducción de la tensión entre la sociedad y su transformación y acondicionamiento y la elaboración de la lingüística.
Las relaciones sociales, los conflictos y sus soluciones así como sus cambiantes requisitos nunca son idénticos a las articulaciones lingüísticas, mediante las cuales las sociedades actúan, se comprenden e interpretan a sí mismas, se modifican y adquieren forma nueva.
El hombre es tanto un ser dotado de lenguaje como un ser social. Ninguna actividad social, ningún enfrentamiento político y ningún intercambio comercial son posibles sin un discursos y una respuesta, sin una planificación dialogada, sin un debate público o una conversación privada, sin una orden (y su obediencia), sin consenso o disenso articulado de los partidos en conflicto.
Siempre hay una deferencia entre la historia en acto y la articulación lingüística que la hace posible.
Una historia no se lleva a cabo sin el habla, pero nunca es idéntica a esta, no se puede reducir a ella.
Premisas extralingüísticas: la cercanía o lejanía espacial, las distancias (que según los casos pueden provocar conflictos o retrasarlos), las diferencias temporales entre las distintas generaciones y la bipolaridad de los sexos. Todas estas distinciones albergan acontecimientos, peleas y reconciliaciones posibilitados prelingüísticamente, aún cuando sea gracias a la articulación lingüística como pueden realizarse.
En todos los actos hay elementos extralingüísticos, prelingüísticos y poslingüísticos que conducen a una historia.
Aunque el discurso se enmudezca, seguirá presente el preconocimiento lingüístico, que es inherente al hombre y que le faculta para comunicarse con lo que tiene enfrente.
Capítulo 2 - Historia de los conceptos y conceptos de historia
La historia de los conceptos enseña que en ella están contenidos los instrumentos propiamente lingüísticos que debe poseer quien quiere comprender su mundo o inferir en él. Por lo tanto, estos conceptos también tienen una historia propia, inmanente al lenguaje.
Toda vida humana está constituía por experiencias, bien sean nuevas o de naturaleza repetitiva.
Los conceptos son necesarios para fijar las experiencias e integrarlas en nuestro lenguaje como en nuestro comportamiento.
El cambio solo es comprensible cuando las condiciones generales, estructurales, de ese cambio se repiten.
longue dureé (Braudel): repetición continuada de condiciones similares en acontecimientos distintos. Los acontecimientos siempre se diferencian unos de otros, pero sus condiciones previas y sus estructuras se repiten de forma más o menos continua.
La historia conceptual puede tematizarse como la transformación de los significados y de la pragmática solo en la medida en que se tiene en cuanta que un gran número de otros elementos permanecen iguales y que, por lo tanto, son repetitivos.
Al buscar sobre el trasfondo de estas estructuras repetitivas, determinadas modificaciones, debe recordarse en que en la historia algunos cambios se producen rápidamente, mientras que otros, por el contrario, lo hacen más lentamente.
Hay aceleraciones y ralentizaciones con distintos tiempos que se agolpan y pueden provocar fricciones e incluso fracturas entre los estratos temporales de los acontecimientos concretos, por un lado, y de las estructuras repetitivas, por el otro. Con ellos también pueden aparecer fricciones en el uso del lenguaje [...], una parte de los significados sufre desplazamientos más rápidamente que el resto y puede que arrastre a su vez más desplazamientos.
El lenguaje tiene y conserva dos facetas: por un lado registra lo que es exterior a él, manifiesta lo que se le impone sin que esto último sea lingüístico, es decir, el mundo tal y como se presenta prelingüísticamente y no lingüísticamente. Por otro lado, el lenguaje hace suyos todos los estados de las cosas y hechos extralingüísticos. Para que lo extralingüístico pueda conocerse, comprenderse y entenderse debe plasmarse en su concepto.
El lenguaje es tanto receptivo como productivo, simultáneamente registra y es un factor de la percepción, de la comprensión y del saber.
Ninguna realidad puede reducirse a su significado y estructuración lingüística, pero sin esa actividad lingüística no hay ninguna realidad.
La semántica existe como método científico porque toda palabra puede tener una multiplicad de significados que deben ajustarse a una realidad modificable. Y dado que un estado de cosas no puede plasmarse de una vez y para siempre en un mismo concepto, causa una pluralidad de denominaciones que deben ajustarse a su transformación (onomasiología).
Ambos enfoques metodológicos (el enfoque semántico y el onomasiológico) son necesarios para poder analizar y describir la transformación histórica tanto de los conceptos como de la realidad a captar de los conceptos.
Revolución: el concepto se modifica, pero la sucesión de acontecimientos que diagnostica se repite de forma parecida.
Hasta bien entrado el siglo XVIII el concepto de revolución indicaba una transformación que se repetía regularmente en el transcurso de distintas historias constitucionales.
Se vinculaba con las antiguas manifestaciones de la guerra civil. Mediante rebeliones, sublevaciones, traiciones y violencia, se producía una transformación de la constitución que nunca sobrepasaba el ámbito de lo humanamente posible, es decir, una democracia, aristocracia o monarquía y de sus formas degeneradas.
De este modo, "revolución" indicaba el retorno a largo plazo de lo idéntico, sin que nada en las sangrientas fases de guerra civil, que tenía lugar con cada transformación, cambiase.
Sin embargo, a partir del siglo XVIII este concepto adquiere una dimensión completamente nueva. Desde la Ilustración y la Revolución Francesa, "revolución" hace referencia a un proceso único y excepcional caracterizado por un poder decreciente que producirá un futuro completamente nuevo de autoorganización pacífica de los pueblos. El nuevo concepto de revolución ocultó, suprimió o desplazó el hecho de que, al igual que sucedía antes, estas revoluciones, interpretadas de forma progresiva, tenían que llevar a sangrientas guerras civiles.
Surgió un concepto de revolución reinterpretado utópicamente que, cuanto más dejaba de lado conceptualmente y más rechazaba teóricamente la antigua repetición de las manifestaciones brutales y sangrientas de una guerra civil, más la provocaba.
A pesar de todos los programas utópicos, el asesinato, la violencia y la guerra se repitieron.
El significado de las palabras y su uso nunca tienen una relación de uno a uno con lo que llamamos realidad. Ambos, conceptos y realidades, poseen su propia historia y aunque es cierto que uno remite al otro, se modifican de forma distinta.
Todos los conceptos tienen estados diacrónicos de distinta profundidad. Poseen una estructura temporal interna.
Todo concepto fundamental contiene elementos de significados pasados en estratos situados a distinta profundidad y expectativas de futuro de distinta importancia. Con ello estos conceptos general un potencial de movimiento y de modificación temporal con independencia de su contenido de realidad.
Capítulo 3 - Historia conceptual
El lenguaje es la instancia metodológica última sin la que no puede tenerse ninguna experiencia ni conocimiento del mundo o de la sociedad.
Para la historia conceptual, la lengua es, por un lado, un indicador de la realidad previamente dada y, por otro lado, un factor de esa realidad. La historia conceptual no es "materialista" ni "idealista", se pregunta tanto por las experiencias y estados de las cosas que se plasman en su concepto, como por cómo se comprenden esas experiencias y estados de las cosas.
Una de sus tareas consiste en el análisis de las convergencias, desplazamientos y discrepancias en relación entre el concepto y el estado de cosas que surgen en el devenir histórico.
Conceptos como estado son más que simples significados, comprenden muchos significados individuales (territorio, frontera, ciudadanía, ejército, impuestos y legislación), los aglutinan en un compuesto superior y se refieren a sistemas filosóficos, formaciones políticas, situaciones históricas, dogmas religiosos, estructuras económicas, etc. Cuando esta clase de conceptos se vuelven insustituibles o no intercambiables, se convierten en conceptos fundamentales sin los que no es posible ninguna comunidad política y lingüística.
Simultáneamente, son polémicos porque distintos hablantes quieren imponer un monopolio sobre su significado.
Cada concepto fundamental encierra un potencial histórico de transformación.
Todos los conceptos poseen una estructura temporal. En función de la cantidad de contenidos de experiencia que se han acumulado en el concepto y en función de cuantas expectativas innovadoras incluye, un concepto tendrá distintas valoraciones temporales.
Bueno, eso es todo. Así quedé:


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